jueves, 9 de septiembre de 2010

LLEGAN A MOSCÚ LOS PILOTOS QUE SALVARON LA VIDA DE 81 PASAJEROS

Llegan a Moscú los pilotos que salvaron la vida de 81 pasajeros

Moscú recibe a los pilotos del averiado Tu154 como a héroes. La tripulación que logró aterrizar -sin que los 72 pasajeros y 9 tripulantes sufieran ningún daño- una aeronave con los sistemas de navegación, el suministro eléctrico, las pompas de combustible y enlace de radio fallados, llegó a la capital rusa.

Lo más insólito y maravilloso del aterrizaje fue que el jefe de la tripulación optó por un aeródromo militar abandonado, que estaba absolutamente inhabilitado para recibir una aeronave civil de tales dimensiones, y tuvo éxito. La pista tenía solo 1.400 metros de largo y era demasiado angosta, a la vez que todos los alcances estaban cubiertos de matorrales. Prácticamente hubiera sido igual que aterrizara en pleno bosque, tan abundante en la República de Komi, donde sucedió el hecho.

El aterrizaje forzoso fue impulsado porque la falta de energía impedía transportar el querosén a los propulsores. El avión no pudo dirigirse a un aeropuerto civil, pues carecía de comunicación con los servicios terrestres.

Las mujeres de los pilotos, que los esperaron en el aeropuerto capitalino de Vnúkovo, están convencidas de que no solo el enfoque racional ante la situación crítica, sino también una fuerza más alta ayudaron a sus maridos a salvarse.

En el verano, el navegante del Tu154, Serguéi Talaláyev, había transportado al patriarca ortodoxo Kiríl, recuerda una de las mujeres: “agradeciéndole por el vuelo, él bendijo a Seriozha [diminutivo de Serguéi] y le regaló un ícono. Serguéi estaba feliz. ¿Puede ser que aquella bendición le haya salvado la vida?”, se pregunta.

El mismo día en que los de a bordo vuelven a Moscú (destino final del vuelo inconcluso), la comisión distrital que investiga el incidente se familiarizó con el equipo averiado. Sacó del fuselaje las cajas negras que permitirían detectar las causas del fallo de los sistemas vitales de vuelo y reconstruir toda la secuencia de actuaciones de la tripulación.

Aunque el avión —especialmente sus aletas— chocara contra decenas de troncos de árboles jóvenes al salir de la pista en unos 180 metros, no se destruyó. Su electricidad funciona. Sin embargo, conforme a los expertos, el Tu154 no podrá despegar, por la misma causa que le dificultó aterrizar: la pista es demasiado corta. Para este modelo son imprescindibles 2.300 o incluso 2.400 metros. Por esta razón, la aeronave dejará el aeródromo solo en fragmentos.


Viejo Condor

RT.net (SIC)

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