domingo, 3 de mayo de 2009

El agua: ¿un escenario de conflicto para la Argentina y el Brasil?




“La política es como un drama en muchos actos, que 
se desenvuelve inevitablemente una vez que se 
levanta el telón. Por lo tanto, declarar que la obra no se 
representará es un absurdo.”2


En un trabajo publicado hace algunos años se mencionaba que “el área de 
Defensa no ha podido permanecer ajena a los problemas que afectan a las 
políticas públicas llevadas a cabo por el Estado Nacional”. Con esto nos 
referíamos a “la falta de racionalidad en la asignación del gasto y a la 
ausencia tanto de un diagnóstico que identifique las necesidades a 
atender, como de una planificación estratégica orientada al mediano y al 
largo plazo.” (Pesce et al, 1999) 

 

Durante el reciente debate electoral, la cuestión de la Defensa Nacional ha 
continuado ausente o se ha resumido a las “potenciales” amenazas terroristas 
en la Triple Frontera3 o al accionar del narcotráfico. Esta falta de debate y 
estas reminiscencias al pasado, en tanto algunos plantean el involucramiento 
de las Fuerzas Armadas en temas de seguridad interior4, se torna más 
desesperante ante los cambios que están ocurriendo en el escenario 
internacional. 

 

Estados Unidos con su Doctrina de Guerra preventiva y con el reciente ataque 
a Irak ha destruido el orden internacional emergente de la Segunda Guerra 
Mundial, violando los Principios de la Carta de las Naciones Unidas al 
amenazar y hacer uso de la fuerza en contra de otro país miembro sin 
autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU). 
Asimismo, ha violentado 400 años de historia del Derecho Internacional: los 
principios de no intervención, de autodeterminación de los pueblos y de 
igualdad soberana de todos los Estados, consagrados algunos de ellos por 
primera vez en la Paz de Westfalia en 1648. 

 

1 Licenciado en Ciencia Política (UBA), Maestro en Relaciones Internacionales (FLACSO) y candidato a 
Doctor en Ciencia Política (UNSAM) 

2 Clemens Von Metternich, citado por Kissinger, Henry (1973), Un mundo restaurado. La política del 
conservadurismo en una época revolucionaria, Fondo de Cultura Económica, México, p. 62. 

3 La Nación, 22 de septiembre de 2005 

4 La Nación, 9 de septiembre de 2005 

Ergo, el Derecho Internacional y las Organizaciones Internacionales, únicas 
armas que poseen los países más débiles frente a los poderosos, han sido 
heridos de muerte. 

 

De este escenario de guerra continua o de paz caliente5, no está ajena 
América Latina. Los efectos sobre la región no son solamente económicos, 
sino también políticos. La destrucción del derecho internacional y del Sistema 
de Naciones Unidas la deja en una situación de indefensión; peligro que ya 
había sido señalado por Roque Saenz Peña a principios del siglo XX 
(Paradiso, 1993: 48 – 49)6. Asimismo la recurrente insistencia de algunos 
gobiernos regionales y de los Estados Unidos en involucrar a las Fuerzas 
Armadas regionales en “la lucha” contra las denominadas nuevas amenazas, 
concepto por sí abstracto que ha conformado la nueva agenda de seguridad 
(Saín, 2003), a puesto en duda la distinción entre las “amenazas” de carácter 
interno y las amenazas de carácter externo. Esto tiene tres efectos que 
consideramos peligrosos. El primero es que podría volver a involucrar a las 
Fuerzas Armadas en asuntos de internos. En segundo lugar, desdibuja la 
misión y funciones de éstas, al querer convertirlas en policías. Y en tercer 
lugar, nos hace perder de vista los potenciales escenarios de conflicto, donde 
sí podría ser necesario empeñar el instrumento militar en el futuro. 

 

En efecto, las hipótesis de conflicto no se encuentran del otro lado de las 
fronteras, con nuestros vecinos, sino más allá de las mismas. Superados 
los históricos conflictos que nos enfrentaban, el Cono Sur podría enfrentarse 
con un escenario en el cual sus grandes reservas de agua, petróleo, recursos 
minerales y alimenticios podrían ser codiciados por una o más potencias 
extraregionales. 

 

Estos escenarios hacen necesario repensar los escenarios de conflicto para la 
Defensa Nacional. Por ello en la primera parte del trabajo analizamos el 
contexto internacional y como ha afectado a las agendas de seguridad, es 
decir la securitización de viejas amenazas que hasta los ’90 pertenecían a la 
órbita de la seguridad interior. Luego estudiaremos uno de los potenciales 
escenarios de conflicto para la región. 

 

 

• Cambios en el contexto internacional: su impacto en las agendas de 
seguridad 





Los cambios en las agendas de seguridad de los países latinoamericanos no 
pueden entenderse en abstracto, sino en un determinado esquema Estado – 

5 Concepto usado por Juan Gabriel Tokatlian, que se refiere a un futuro de “paz” con numerosos 
conflictos localizados. 

6 Ver también afirmaciones de Luis María Drago en pp. 50-51. 

Sociedad. De acuerdo a Diego Gorgal (2004) durante los noventa cambió el 
Estado, mutó la sociedad, y – por lo tanto -, son otros los términos en los que 
se define el problema de la seguridad. Para Manuel Garretón (2000) de ese 
cambio surgen una serie de fenómenos, el primero de los cuales es la 
Globalización. 

 

Si bien no hay acuerdo en la literatura sobre lo que se entiende por 
globalización, parece ser claro que no es UNICAMENTE una fase más en la 
internacionalización de la economía y que es un error – ideológico – asociarla 
al neoliberalismo. Para Anthony Giddens (2000) es “una compleja mezcla de 
procesos que actúan frecuentemente de modo contradictorio, por lo que se 
producen conflictos, desconexiones y nuevas formas de estratificación”. Según 
Charles Oman (1994) produce al menos tres efectos: a) reducir la distancia 
económica, b) debilitar la soberanía política y c) producir mayor incertidumbre 
e inestabilidad. Por su parte, Manuel Castells (1997) considera que la 
globalización ha provocado que los Estados pierdan cada vez más el control 
sobre los instrumentos de política económica; ha internacionalizado los 
negocios y la propiedad de los medios, con lo cual disminuye la capacidad del 
Estado para regular los mismos; y ha globalizado el delito, afectando los 
procesos de gobierno y paralizando en muchos casos a los Estados 

 

Pero además de la globalización, existen otros fenómenos que han impactado 
en las Agendas de Seguridad. Siguiendo a Manuel Garretón (2000) podemos 
distinguir: 

 

a) El fin de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética (URSS), 
produjo la desaparición de los “principales mecanismos que 
estabilizaban los lazos estratégicos de la mayoría de los Estados en 
torno a las dos superpotencias”. Esto provocó asimismo un dilema 
estratégico como es la desaparición del enemigo: desde la caída de la 
URSS hasta los ataques del 11 de septiembre el nuevo sistema de 
seguridad se estuvo construyendo fundamentalmente contra los 
“bárbaros del exterior”, que al menos no tenían nombre, pero donde las 
Nuevas Amenazas comenzaron a crecer en importancia. A partir del 
ataque a las Torres, se definió al nuevo enemigo como al Terrorismo, 
que al menos en la agenda estadounidense abarca fenómenos diversos 
como el Crimen Organizado y el Narcotráfico; 
b) La constitución de los bloque regionales, en respuesta a la 
globalización (Oman, 1994), no ha sido acompañada por nuevas 
formas de gobierno, es decir, por una dimensión política. Por lo 
cual, dichos procesos también quedan a merced de los poderes 
transnacionales; 


c) La identidad Nacional – Estatal se encuentra también erosionada por la 
globalización y por la explosión de otro tipo de identidades del tipo 
adscriptivas, como el sexo, religión, étnicas, comunales, entre otras; 
d) Se produjo un aumentó en la cantidad y en las formas de exclusión. No 
se trata únicamente que la mitad de la población mundial se encuentra 
excluida, que esa cifra en algunos lugares alcance los dos tercios, y que 
las mismas continúen produciéndose debido las tradicionales formas de 
dominación y explotación, sino que cada “nuevo mecanismo de 
globalización y cada nuevo principio de innovación en materia de 
conocimiento o información”, produce nuevas formas de exclusión”. 
(Castells, 1997) 





En este contexto, “el enfrentamiento entre sistemas económicos y políticos 
excluyentes cedió lugar (...) a una competencia económica entre países con 
modelos afines” (López, 2003). En consecuencia se produjo un cambio en: 

 

a) la naturaleza de los conflictos a escala mundial, 
b) la percepción de las amenazas; 
c) el alineamiento de los países a nivel mundial 
d) la definición de sus prioridades, 
e) las formas de intervención en la política internacional, y 
f) la conceptualización de la problemática de la seguridad. 





Esta última puede ser desagregada en cuatro aspectos (López, 2003): 

 

a) Se está produciendo un cambio en la forma tradicional de 
relacionamiento de los asuntos nacionales con los internacionales; 
b) Se acepta la multidimensionalidad de la cuestión de la seguridad 
(Informe Palme 1982, ONU 1985 y OTAN 1999); 
c) Se reconoce la multiplicación de actores y escenarios; y 
d) Indivisibilidad de la seguridad, es decir, según la ONU (1985 y OTAN 
1999) “la seguridad internacional y la nacional están cada vez más 
interrelacionadas, poniendo en tela de juicio, así, la noción de que la 
seguridad es fundamentalmente una función del poder nacional o de la 
fuerza militar o económica”. 





Entonces, según Ernesto López (2003) la indivisibilidad está asociada a la 
interdependencia, la supone, y está también vinculada a la complejización con 
su desdoblamiento en el plano nacional/internacional, en el de la 
multidimensionalidad y en la multiplicación de actores y escenarios. 

 

Todo esto ha producido, que viejas y nuevas amenazas, se hayan 
securitizado, es decir, que adquirieron “relevancia en el escenario estratégico 
como amenazas y / o fuentes de riesgo e inestabilidad para los Estados, dada 

la magnitud de los recursos que han logrado movilizar y los efectos políticos y 
sociales, locales e internacionales, que producen su desarrollo. Eran 
fenómenos domésticos y no militares, pero sus efectos los transforman en 
trans – estatales y de seguridad”. (Gorgal, 2004)7

 

Entonces, la novedad de las nuevas amenazas “no reside tanto en su 
naturaleza intrínseca (...) sino en un cambio del contexto internacional de 
seguridad. Los cambios en este plano producen (...), el reciclamiento de viejos 
problemas y la aparición de otros propiamente nuevos”. (López, 2003) 

 

Sin embargo, esto no supone que todas estas ”Nuevas Amenazas” deban 
tener un tratamiento militar. En efecto, existe una tendencia “a intentar reducir 
las nuevas amenazas a una cuestión meramente militar”, lo cual es perceptible 
en “los Estados Unidos, así como en segmentos de las élites dirigentes y de 
los militares latinoamericanos, entre ellos los argentinos.” (López, 2003) Y esta 
tendencia se ha visto reforzada a partir del 11 de septiembre. 

 

En América Latina Mónica Hirst (2004) observa en las agendas de seguridad la 
superposición de dos dimensiones: a) la dominada por la Agenda de los 
EE.UU. y b) la correspondiente a las realidades regionales. 

 

Luego, ¿qué factores afectan específicamente la conformación de las agendas 
de seguridad en nuestra región?. Según Mónica Hirst (2004): 

 

1) “La preeminencia de los Estados Unidos en el hemisferio ha estado 
asociada a tres facetas permanentemente entrelazadas”: a) la 
asimetría de poder, b) la falta de coordinación de Latinoamérica vis a 
vis Estados Unidos y c) la irrelevancia estratégica de la región; 
2) El conflicto colombiano; 
3) La fragmentación intrarregional y la heterogeneidad política: América 
latina no es una Comunidad de Seguridad por la falta de amenazas 
comunes y de percepciones compartidas. Además, luego del 11 de 
septiembre se han superpuesto diferentes doctrinas de seguridad; 
4) La integración y cooperación en materia de seguridad: a partir de la 
integración y con el reestablecimiento de la democracia hubo 
expectativas en torno a que la cooperación en materia de seguridad 
sería un proceso irreversible. Luego del fin de la Guerra Fría, durante 
los noventa, América del Sur no logró hacer converger sus intereses 
en materia de seguridad. Asimismo, si a nivel interamericano, y luego 
de la Segunda Guerra Mundial (2GM), fue fácil coincidir en las 
percepciones, ahora en todo el continente se asiste a una 


7 Ver también (Hirst, 2004). 

securitización de la agenda del continente, lo cual es resistido por 
algunos países; 
5) Si bien la guerra interestatal se ha reducido a su mínima expresión, 
persisten las rivalidades entre algunos países sudamericanos; 
6) Un concepto más amplio de la seguridad, como hemos visto más 
arriba, “se transformó en una parte crucial del pensamiento estratégico 
de los Estados Unidos de la posguerra fría y las relaciones de 
seguridad entre EE.UU. y Latinoamérica se ajustaron rápidamente a 
esta nueva agenda de seguridad global. Los tres temas más 
importantes pasaron a ser: el medio ambiente, la inmigración ilegal y 
el narcotráfico”. Sin embargo, cada país a reaccionado en forma 
desigual y en forma unilateral frente a estas amenazas: no hay 
coordinación ni consenso, por ejemplo, en el rol de las Fuerzas 
Armadas frente al Narcotráfico; y 
7) El 11 de septiembre ha provocado un aumento de la presencia de la 
inteligencia estadounidense en la región. “La ampliación de las 
operaciones del FBI, DEA y la CIA en conexión directa con las tareas 
de rastrillaje de seguridad interior en los Estados Unidos, han afectado 
los procedimientos policiales y de inteligencia en diferentes partes de 
América Latina”. Sin embargo, al reacción de nuestros países se ha 
dado en forma individual y diversa: por ejemplo Brasil no considera al 
terrorismo una amenaza directa contra el MERCOSUR, pese a las 
presiones de EE.UU. con respecto a la Triple Frontera. 





Ahora bien, frente a la securitización de las nuevas amenazas y a la 
persistente influencia política de los Estados Unidos para tratar de 
involucrar a las Fuerzas Armadas en esos problemas, ¿no existen otros 
escenarios de conflicto para la región, y más específicamente para el 
Cono Sur?. 

 

Según Michael Klare (2001: 152 y 155), tras el fin del enfrentamiento 
ideológico, la nueva competencia económica8 rige las relaciones 
internacionales, lo cual ha intensificado la competencia por el acceso a 
recursos vitales: petróleo y gas, agua, minerales y alimentos, entre otros. Esa 
puja está produciendo “una nueva geografía de conflictos, una cartografía 
reconfigurada en la que los flujos de recursos, y no las divisiones políticas e 
ideológicas, constituyen las principales líneas de falla.9 

 

8 Ver también López (2003). 

9 Ver también el reportaje a Michael Brown realizado por Fabián Bosoer y publicada en el diario Clarín 
del 24 de julio de 2005. 

Recientemente, la inmunidad lograda por las tropas estadounidenses de 
parte del Congreso del Paraguay10 y la posibilidad de que EE.UU. instale 
una base militar en territorio paraguayo, en la puerta del amazonas 
brasileño11, nos lleva a preguntarnos si este escenario que plantea 
Michael Klare es potencialmente posible en el Cono Sur. Según analistas 
militares brasileños, la instalación de esa base militar podría permitir 
controlar materias primas claves “como el agua del Acuífero Guaraní y el 
gas de Bolivia.” (Gosman, 2005b) 

 

En este sentido, sostendremos que un escenario probable de conflicto en el 
futuro en el mundo es la disputa por el oro azul, es decir el agua. Las 
características geográficas de Argentina y Brasil y la probable instalación de 
tropas estadounidenses en territorio paraguayo hacen que ese escenario sea 
potencialmente más verosímil. 

 

 

• Agua, el conflicto del futuro 





Situación Mundial 

 

Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la 
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la demanda de agua para la 
agricultura, la industria y las regiones urbanas será entre 4.279 y 5.235 Km 
cúbicos hacia el año 2025, con lo cual unas 3.500 millones de personas 
padecerán escasez de agua. Sin embargo, algunos estudios más pesimistas 
sostienen que se verán afectados unos 7.000 millones de personas sobre una 
población mundial estimada de 8.000 millones.12 Asimismo, señala que apenas 
el 2,53% del agua del planeta es dulce, siendo las dos terceras partes 
glaciares y nieves perpetuas. Además la población mundial extrae el 8% del 
total anual de agua dulce renovable, se apropia del 26% de la 
evapotranspiración anual y sólo el 3% del agua potable se halla en la 
superficie (Latorraca, 2005) 

 

Según Gian Carlo Delgado, el problema estratégico no es sólo la escasez, sino 
su distribución y calidad. Por un lado, “hay un alto índice de contaminación del 
agua, mientras que por el otro, está comenzando una reubicación espacial de 
las precipitaciones y, así, del agua dulce.” (Pomeraniec, 2005) Mientras el 85% 
del agua dulce es acaparado por el 12% de la población, América del Sur con 

10 Clarín, “Paraguay defiende inmunidad a tropas”, Clarín, 15 de junio de 2005; Clarín 24 de junio de 
2005, Clarín 7 de julio de 2005, Clarín 11 de septiembre de 2005 y Clarín 15 de septiembre de 2005. 

11 “El objetivo evidentemente es Brasil”, Clarín 12 de septiembre de 2005 

12 Michael Klare sostiene que “para el 2050 la demanda de agua podría acercarse a 100% del suministro 
disponible, produciendo una intensa competencia por esta sustancia esencial en todas las áreas del 
planeta”. (Klare, 2001) 

el 6% de la población posee el 26% del total de los recursos hídricos 
mundiales. La relación en los otros continentes es la siguiente: 

 

 

América del Norte y Central 8% de población tiene el 15% del agua 

 

Asia 60% de población tiene el 36% del agua 

 

Europa 13% de la población tiene el 8% del agua 

 

Africa 13% de la población tiene el 11% del agua 

 

 

De acuerdo a estas cifras, el continente asiático es el que tiene la peor relación 
entre cantidad de población y los recursos de agua disponibles. Sin embargo, 
la situación de los países desarrollados no es mejor, porque únicamente 5 de 
los 55 ríos europeos no están contaminados. Por su parte, los EE.UU. “soporta 
la virtual desesperación de ver que sus reservas se acaban y se ven ante un 
horizonte estéril y seco.” Según la investigadora argentina Elsa Bruzzone, “el 
40% de los ríos y los lagos de EE.UU. están contaminados, al igual que 
acuíferos como el Ogallala, que se extiende por ocho estados desde 
Dakota del Sur hasta Texas y que en algunas zonas ha disminuido su 
caudal hasta 30 metros.” (Pomeraniec, Hinde, 2005) 

 

En el año 2000, en los países en desarrollo hubo por un lado, más de 1.000 
millones de personas que no tenían acceso al agua potable y a sistemas de 
sanidad adecuados. Por el otro lado, alrededor de 4 millones de niños 
murieron a causa de enfermedades vinculadas con la falta o la calidad del 
agua. (Jáuregui, 2000)13 En el 2003, eran 2.400 millones los que no tenían 
acceso al agua y a los sistemas de saneamiento y 30.000 morían por día por 
esta causa. (Latorraca et al, 2005) 

 

Así, según la UNESCO, “el desajuste entre el aumento de los que la necesitan 
y la disminución de la oferta hará que el agua pase a ser una fuente de 
conflictos, incluso guerras, como previenen algunos especialistas”.14 Por su 

13 También Conferencia del Ing. Carlos Jáuregui. Informe del Agua 2000: Argentina, situación y 
perspectiva. Senado de la Nación, 22 de Agosto de 2000. 

14 Clarín 11/01/00, p. 22. Se prevé que, mientras la oferta se mantendrá constante o disminuirá, la 
población continuará incrementándose entre un 2 al 5% en los países subdesarrollados y entre un 1 al 2% 
en los países desarrollados. Conferencia del Ing. Carlos Jáuregui. Informe del agua 2000: Argentina, 
situación y perspectiva. Senado de la Nación, 22 de Agosto de 2000. Ver también La Nación, 8 de 
noviembre de 2001. Hacia el 2050 la población mundial llegaría a entre 7900 millones y 10900 millones 
de personas. Para esa misma fecha, se prevé que “(...) 4200 millones de personas (más del 45% del total 
mundial) estarán viviendo en países que no pueden proporcionar la cuota diaria de 50 litros de agua por 
persona para satisfacer las necesidades básicas. 

parte, el Director General del Programa Ambiental de Naciones Unidas, Klaus 
Toepfer, sostuvo en enero de 1999 que “todo el mundo sabe que hay un 
aumento de la población, pero no tenemos el correspondiente incremento del 
agua para tomar; por lo tanto el resultado, en la dimensión regional, es el 
conflicto”. Y agrego que “estaba completamente convencido de que surgirán 
disputas por los recursos naturales, en especial por el agua, su posesión y su 
uso”.15

 

Esta afirmación parece confirmarse por la actitud de los Estados Unidos. Ya en 
1996, la Estrategia de Seguridad del mencionado país reconoció, entre los 
riesgos no militares, la existencia de un emergente problema de recursos 
naturales y asuntos ambientales transnacionales, y declaró la necesidad de 
abocarse a los problemas ambientales internos e internacionales. Por ello, el 
Presidente Bill Clinton creó unas oficinas cuyo objetivo era el análisis de la 
problemática ecológica y la protección del medio ambiente en el Departamento 
de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional. Asimismo, otros gobiernos 
evidenciaron su preocupación a través de la firma de acuerdos y tratados, que 
a la fecha suman alrededor de 170 (según el Registro de Acuerdos 
Internacionales del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas). 

 

En este marco, en abril de 1998, el General norteamericano Patrick Hughes, 
Jefe del órgano central de informaciones de las Fuerzas Armadas, habría 
declarado, en una conferencia brindada en el Instituto Tecnológico de 
Massachusetts (IMT) acerca de las amenazas posibles para los Estados 
Unidos hasta el 2018, que las Fuerzas Armadas de ese país intervendrían en 
Brasil en caso de que el uso que haga éste del agua del Amazonas ponga en 
riesgo el medio ambiente.16 En el año 2000, en el Documento Santa Fe IV, del 
Partido Republicano, se planteaba que uno de los principios geoestratégicos 
era “garantizar que los países del hemisferio no sean hostiles a nuestra 
preocupaciones de seguridad nacional.” Agregando en otro punto que 
“EE.UU. debía asegurarse que los recursos naturales del hemisferio 
estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales.” 
(Pomeraniec, 2005). 

 

En este mismo sentido, podemos apreciar como en las discusiones entre sirios 
e israelíes también se incluye el tema del agua, que es para los negociadores, 
una cuestión tan importante como la demarcación de las fronteras o la 
normalización de las relaciones comerciales. 

 

Entre el 17 y el 22 de marzo de 2000 se reunió en La Haya el Segundo Foro 
Mundial para el Agua, organizado por el gobierno holandés por iniciativa del 
Consejo Mundial del Agua (CMA), que fue implementado en 1994 con ayuda 

15 En la revista Sociedad Americana de Química. Reproducido por Clarín 11/01/00, p.23. 

16 Tiempos del Mundo, 23 de Abril de 1998, p. B17. 

del Banco Mundial, de algunos países desarrollados y de empresas como la 
Suez – Lyonnaise des eaux. El CMA tiene por objetivo definir una visión 
mundial del agua a largo plazo, con el acuerdo y la colaboración de las 
Naciones Unidas. Así, para el apoyo de este objetivo el Banco Mundial creó la 
Global Water Partnership (GWP) para favorecer el acercamiento entre el 
sector privado y el público. En dicha reunión se intentó que los ministros de 
más de cien países aprobaran una declaración que garantizara una política 
mundial del agua para los próximos dos decenios, tratando el recurso como un 
bien económico posible de exportar y comercializar aún a lejanos lugares 
donde fuera necesario, en el marco del libre comercio y generando 
enormes ganancias. Así, en los países subdesarrollados el sector privado, 
dueño de la infraestructura y de la provisión del recurso cuenta con que los 
Estados no disponen de protección alguna, y entendiendo que la mitad de los 
ríos y lagos europeos y estadounidenses están gravemente contaminados, es 
lógico deducir quienes serían los beneficiarios de tal política global del agua, 
enmascarada en el discurso de que el agua es un derecho de todos. (Petrella, 
2000) 

 

Un ejemplo de las consecuencias que podría acarrear esta política fueron los 
graves incidentes protagonizados por pobladores de Cochabamba (Bolivia) en 
enero del 2000. Dicha ciudad, la tercera más grande del país, recibe agua 
potable por algunas horas durante dos o tres días a la semana. La solución 
del gobierno local, respaldada por el gobierno nacional, fue la construcción de 
una cañería que transportaría el agua desde los ríos de las altas cumbres 
cercanas. El proyecto, iniciado en 1998, debía ser financiado por el Banco 
Mundial y por la empresa Aguas del Tunari, entre otras, concesionaria de la 
distribución de agua potable en dicha ciudad. Sin embargo, en diciembre de 
ese año los pobladores recibieron sus facturas con un incremento del 35%, 
con el objetivo de financiar las obras aún no terminadas. Si bien , luego de las 
protestas, el incremento fue suspendido, la provisión de agua potable a la 
población sigue sin resolverse.17

 

En el otro extremo del continente se efectuó una reunión entre el Ministro de 
Medio Ambiente del Canadá y sus pares provinciales con el fin de discutir la 
política del agua. Dicho encuentro estuvo motivado por la perspectiva y el 
interés puesto de manifiesto por numerosas empresas de comenzar a explotar 
y vender agua al exterior. Frente a la posición de Maude Barlow, miembro del 
grupo Canadians Council, que llama al agua nuestra “parte vital (lifeblood)”, de 
que el agua debe ser dejada donde está y que se debe prohibir la exportación 
de la misma. Por el contrario, Terence Corcoran, editor del Financial Post, 
sostiene que “el oro azul será el petróleo del siglo XXI”18, y que en ese sentido, 
debe ser considerado como un bien económico. 

17 The Economist, 12 al 18 de Febrero de 2000, p. 35. 

18 The Economist, 4 al 10 de Diciembre de 1999, p.36. 

 

Finalmente, en febrero de 2004 se filtró en el diario inglés The Guardian que el 
consejero del Pentágono, Andrew Marshall, sugería que “EE.UU. debía 
prepararse para estar en condiciones de apropiarse de este recurso 
estratégico (el agua dulce), allí dónde esté, y cuando sea necesario.” 
(Pomeraniec, 2005) 

 

 

Situación Argentina 

 

América del Sur, comparativamente con otros continentes, parece ser la región 
con mayor cantidad de agua en el mundo y con la menor población, de lo que 
puede deducirse, como primera aproximación a la cuestión, que Latinoamérica 
podría ser una zona mundial de conflictos en la medida que el “oro azul” ha ido 
perdiendo su renovabilidad y se transformó en frágil y finito, tal como lo 
expresará el hidrólogo Carlos Fernández Jauregui. El subcontinente “es la 
primera reserva bioética terrestre del planeta y la segunda marina; almacena 
cerca del 26% del agua potable del mundo; y guarda en sus entrañas grandes 
cantidades de petróleo y gas.” (Latorraca, 2005) 

 

Argentina, junto con los países del MERCOSUR, poseen alguna de esas 
fuentes, esto es el oro azul. 

 

Una de esas fuentes de agua dulce es el Sistema del Acuífero Guaraní, 
considerado el tercer reservorio más importante del mundo.19 Este 
Acuífero tiene una superficie aproximada de 1.194.000 kilómetros cuadrados 
que se extienden por los territorios de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. 
En nuestro país el Acuífero Guaraní abarca las provincias de Misiones, 
Formosa, Chaco, Santa Fé, Corrientes y Entre Ríos. Se estima que contiene 
55.000 kilómetros cúbicos de agua potable, siendo su nivel de recarga de entre 
160 y 250 kilómetros cúbicos. Al norte se conecta con el Amazonas y el 
pantanal; al oeste con la cuenca del Bermejo y más allá de la laguna de Mar 
Chiquita en la Provincia de Córdoba; mientras que hacia el sur se especula 
que se conectaría con los lagos cordilleranos. (Latorraca et al, 2005) Se estima 
que con una explotación adecuada “podría abastecer a unas 720 millones con 
una dotación diaria de 300 litros por habitante.” (Pomeraniec, 2005) 

 

Según el experto mexicano Gian Carlo Delgado, “las zonas de alta 
biodiversidad como la que alberga al Acuífero Guaraní verán incrementar o por 
lo menos conservar los índices de precipitación y, por lo tanto, esas zonas se 
perfilan como estratégicas a nivel local, regional y mundial.” (Pomeraniec, 
2005) 

19 Para algunos especialistas es el primero. (Latorraca, 2005: 16) 

 

También debemos tener en cuenta que Argentina posee no sólo grandes 
extensiones y una diversidad de ambientes geográficos y climatológicos, que 
son potencialmente ricos y con baja concentración demográfica. Además del 
Acuífero Guaraní, tenemos otra de las mayores reservas de agua potable: los 
Hielos Continentales Patagónicos. Estos son un reservorio natural de agua 
dulce: cada 100 metros de espesor, hay 97.000 millones de metros cúbicos de 
agua que alcanzarían para: a) “abastecer a la población argentina por 15 
años”, b) abastecer al Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) por 71 
años, c) regar 8 millones de hectáreas durante un año (superficie equivalente a 
la Provincia de Entre Ríos), y d) “soportar el sembrado de alfalfa para alimentar 
a 32 millones de vacunos o 160 millones de ovinos durante un año”. (Koessler, 
circa 1997) 

 

Esta situación estratégica adquiere más relevancia si se la considera como un 
área geoestratégica en su consolidación con la Amazonia. 

 

Pero por otro lado, el Acuífero Guaraní, al igual que otras fuentes de agua 
dulce, es altamente vulnerable ante la contaminación. Según la Directora 
General de Asuntos Ambientales del Ministerio de Relaciones Exteriores, 
Comercio Internacional y Culto María Esther Bondanza, la contaminación a 
través de “pesticidas, desechos industriales y domésticos, (...) es muy difícil el 
proceso para poder revertirlas.” (Latorraca et al, 2005) 

 

Según Carlos Jauregui “la distribución de agua no es apropiada en la región, 
ya que se dan casos como en el Amazonas, donde hay poca gente y mucha 
agua, o en el norte de Argentina, donde el agua escasea para una gran 
población.”20

 

Si bien Argentina posee una importante disponibilidad de agua potable (22.000 
metros cúbicos por habitante al año), la misma se encuentra mal distribuida y 
las 2/3 partes de nuestro territorio es árido o semiárido. Aunque el 79% de la 
población tiene acceso al agua potable, existe una muy mala distribución 
territorial, dado que mientras el 85% de la población urbana tiene acceso a 
este líquido vital, sólo el 30% de la población rural tiene acceso a este servicio. 
Recordemos que los índices de conectividad en Asia y en Africa son del 40% y 
el 18% respectivamente. (Pomeraniec, 2003) 

 

Nuestro país es el segundo en la región que hace una mayor utilización de las 
aguas subterráneas, muchas de las cuales, junto a las superficiales, se 
encuentran contaminadas o amenazadas por la contaminación.21 Un claro 

20 Clarín 11/01/00, p. 23. 

21 “La cuenca del Plata (...) presenta serios problemas de salinización derivados de la falta de drenaje 
natural y de la alteración de la cubierta vegetal”. Asimismo, “en la región metropolitana de Buenos 

ejemplo de esto es la contaminación que sufre el Acuífero Puelche. Además, a 
este problema cabe agregar no sólo el uso ineficiente del recurso: el 70% es 
usado en la agricultura y la mayor parte del agua es perdida en los sistemas de 
distribución; además, no se conoce con precisión el potencial hídrico del 
país y no existe una legislación nacional en la materia. 

Aires alrededor del 55% de la población extrae agua de estas capas y se estima que las napas más 
superficiales están totalmente contaminadas, tanto orgánica como químicamente”. Ver Gligo, Nicolás, 
“Situación y perspectivas ambientales en América Latina y el Caribe”, Revista de la CEPAL 55, Abril de 
1995, p. 111 y 112. 

 

A comienzos de este siglo, 8 millones de hectáreas de la Pampa Húmeda 
estuvieron inundadas o encharcadas por más de un año, afectando el 
desarrollo de la producción agrícola parcial o totalmente. Esa situación que 
afectó a una región, equivalente a dos veces y media la de Holanda, fue 
causada no sólo por los cambios en el régimen pluvial, sino también por las 
imprevisiones e ineficiencias en las esferas oficiales.22 (Bustos, 2001) 

 

El noreste argentino, debido a la extraordinaria nivelación (pendiente muy 
suave hacia el sureste) de su territorio, presenta grandes extensiones de 
terreno que quedan anegadas en épocas de lluvia. Los ríos más importantes 
que atraviesan la zona son el Paraguay, el Paraná, el Pilcomayo y el Bermejo. 
Estos últimos presentan, debido al poco declive del terreno, un curso 
imprevisto, cambiando muchas veces de lecho y desbordando con facilidad. 
Esto provoca que en algunos meses del año, el caudal del agua disminuya a 
niveles que hacen imposible su aprovechamiento, como así también que el 
curso de los mismos se modifique a través del tiempo ocasionando problemas 
limítrofes, en cuanto al curso y a su explotación, con Paraguay y Bolivia. 

 

Ante este marco, y de no mediar políticas correctivas, se prevé que para el año 
2025, con una población de 46 millones de habitantes se acentuarán no sólo 
los desequilibrios entre la demanda y la oferta de agua potable, sino también 
los períodos de sequía y de inundaciones en nuestro territorio.23 Así, según un 
estudio del año 1991, sobre un total de 229 millones de hectáreas (80% de la 
superficie total del país), el 25% presenta una erosión de origen hídrico y un 
20% de origen eólico. (Gligo, 1995) 

 

Ante esta situación de déficit mundial de agua potable y las grandes reservas 
hídricas que posee no sólo la Argentina, sino también el MERCOSUR (si 
tenemos en cuenta la cuenca amazónica), y en el marco de una nueva 
concepción de seguridad a nivel mundial, nuestro país puede enfrentar un 

22 Ver también, Mira, Cristian, “Estado deliberativo”, La Nación Suplemento Campo, 13 de abril de 
2002, p. 1. 

23 Conferencia del Ing. Carlos Jáuregui. Informe del agua 2000: Argentina, situación y perspectiva. 
Senado de la Nación, 22 de Agosto de 2000. 

escenario de conflicto en el que deba defender sus derechos sobre esos 
recursos naturales frente a un tercer actor. 

 

El origen de esta amenaza puede provenir, no sólo de un país que sufra un 
stress hidrológico, sino también de un tercer actor extraregional que intervenga 
directa o indirectamente para explotar este recurso natural. Por ejemplo, el 22 
de abril de 1997 se firmó el Acta de Paysandú, por la cual los cuatro países de 
la región “debían crear instrumentos de coordinación para una investigación y 
un mejor desarrollo sustentable del Acuífero con un presupuesto estimado (por 
las universidades nacionales) en 26.700 millones de dólares. Esgrimiendo la 
falta de recursos, los Estados decidieron entregarle el proyecto al Banco 
Mundial (...) en noviembre de 2001 el Banco Mundial aprobó el proyecto y 
se comprometió a preservar el Sistema del Acuífero Guaraní de la 
contaminación y lograr un desarrollo sustentable.” (Latorraca, 2005) En 
noviembre de 2004 durante el “Seminario el Acuífero Guaraní”, organizado por 
el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), el 
especialista en ciencias ambientales, Eduardo Pigretti, expresó: “Lo que me 
preocupa es que el agua del Sistema Acuífero Guaraní va entrar por completo 
en el comercio. Y no está claro bajo que reglas jurídicas, políticas y 
sociales. En este principio de siglo todos los bienes, todos los recursos 
naturales están perdiendo esa condición superior de no ser considerados una 
mercancía.” (Latorraca, 2005) Asimismo, según Sara Grusky, de la ONG 
canadiense Water for all, “los organismos internacionales como el Banco 
Mundial buscan crear en la región del Guaraní una nueva región industrial y 
competitiva a nivel mundial, sin que les importe resguardar la conservación del 
acuífero ni de los reales intereses de los habitantes de la región (15 millones 
de personas). Su único objetivo es el desarrollo industrial, lo que aumenta los 
riesgos de cualquier proceso de privatización.” (Pomeraniec, Hinde, 2005) 

 

Cabe destacar que la zona más importante para la carga y descarga del 
Sistema Acuífero Guaraní es la Triple Frontera (...) donde confluyen la 
mayoría de los ríos más caudalosos de la Cuenda del Plata.” (Latorraca, 
2005) 

 

Finalmente, cabría preguntarse que sucederá en la Antártida (75% del agua 
mundial), cuando finalice la prórroga del Tratado Antártico, ante una situación 
mundial de escasez de recursos naturales, con el oro negro24 y el oro azul. 

 

 

 

 

24 Como consecuencia de las crisis del petróleo de los años ´70, los países desarrollados realizaron una 
profunda reconversión tecnológica que limito la dependencia de los mismos frente al “oro negro”. Cabría 
preguntarse si la precedente afirmación puede ser aplicada a los países en vías de desarrollo. 

• Reflexión Final 





En el Foro Mundial de Kyoto que se realizó en el 2003, se advirtió que para el 
año 2050 siete mil millones de personas en 60 países podrán enfrentar la falta 
de agua; es decir, que en los próximos 20 años, la cantidad de agua por 
persona bajará a un tercio. 

 

En este contexto la securitización de las nuevas amenazas, que incluye la 
protección del medio ambiente, y su reducción a una cuestión estrictamente 
militar; hace verosímil que en el futuro próximo la multiplicación de las luchas 
por el control del agua, el aire y la tierra, sea una de las principales causas de 
guerra. 

 

Teniendo en cuenta las grandes reservas hídricas que posee no sólo la 
Argentina, sino también el MERCOSUR (si tenemos en cuenta la cuenca 
amazónica, el Acuífero Guaraní y los Hielos Continentales), nuestro país junto 
a Brasil podrían llegar enfrentar un escenario de conflicto en la que deban 
defender sus derechos sobre esos recursos naturales frente a un tercer actor. 

 

La presencia de EE.UU. en Paraguay y la posible instalación de una base 
permanente en ese país, no puede ser separada del Acuífero Guaraní; esa 
actitud sería irresponsable. Los recursos de agua dulce de Estados Unidos han 
venido disminuyendo y en el futuro necesitará, como señaló el consejero del 
Pentágono, hacerse de ese recurso. Si bien es llamativa la desmentida de la 
Embajada estadounidense en Paraguay, funcionarios de los Estados Unidos 
sostuvieron en el 2004 que el Acuífero Guaraní debía ser declarado patrimonio 
de la humanidad, postura similar a la que tienen con el Amazonas, con lo cual 
el usufructo del agua “queda fuera del poder soberano de cada uno de los 
Estados a los que pertenece naturalmente el acuífero.” (Aliscioni, 2005c) 

 

Ante este escenario, es necesaria una política de defensa que no transforme a 
las Fuerzas Armadas en instituciones policiales que se ocupen de esas nuevas 
amenazas, que de acuerdo a nuestra legislación, pertenecen a la órbita de la 
seguridad interior. Pero esa política de defensa no debe ser pensada 
únicamente en términos nacionales, sino también regionales. Para ello, es 
necesario que el MERCOSUR salga de su actual situación de estancamiento 
política y se avance en su fortalecimiento, que posibilite que los cuatro países 
miembros puedan pensar estos temas en términos regionales. Porque si bien 
Argentina25 y Brasil26 han protestado frente al gobierno paraguayo, la queja 
aislada no sirve y no alcanza. Medidas unilaterales como la adoptada por el 
gobierno paraguayo, ponen en duda la viabilidad del MERCOSUR, ya no en su 
faz económica, sino también en su dimensión política. 

25 Clarín, 12 y 15 de septiembre de 2005 . 

26 Clarín, 13 de septiembre de 2005. 

Viejo Condor

Sergio Gabriel Eissa1

 
 

Ya lo decía Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley 
primera; porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera.”27

 

 

 

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