martes, 26 de enero de 2010

Las posibilidades de reforzar la Flota del Báltico como respuesta a los misiles Patriot en Polonia




La semana pasada, Rusia y Estados Unidos intercambiaron amenazas en materia de emplazamiento de armamento en zonas de seguridad muy sensibles en Europa.

Según noticias publicadas el pasado 20 de enero, EEUU emplazará misiles antiaéreos "Patriot" en las proximidades de la ciudad polaca de Morag, a unos 60 ó 100 kilómetros de la frontera con Rusia, y no en las cercanías de Varsovia, como estaba previsto inicialmente.

Al día siguiente, un funcionario de alto rango de la Marina de Guerra de Rusia afirmó que Moscú reforzará su Flota del Báltico en respuesta a los misiles "Patriot" cerca de la frontera ruso-polaca.

Horas después, el Ministerio ruso de la Defensa desmintió esa información al afirmar que "todos los procesos de modernización y rearme de las Flotas rusas, incluida la del Báltico, se llevan a cabo conforme a un programa de reforma de las Fuerzas Armadas de Rusia".

Y no obstante, las declaraciones contradictorias pronunciadas por ambas fuentes castrenses obligan a reflexionar sobre las posibilidades reales que tiene Rusia para reforzar sus Fuerzas Armadas en general y, particularmente, la Flota del Báltico.

Desafortunadamente, el proceso de dotación de armamento y materiales para las fuerzas navales de Rusia (no sólo la Flota del Báltico) está rezagado con respecto a los planes anunciados y a las necesidades del ejército.

El último buque de superficie importante incorporado a la armada rusa fue la fragata "Yaroslav Mudri" (proyecto 1154) cuya construcción duró más de veinte años y entró en servicio operacional en 2009.

En lo que se refiere a buques modernos, actualmente la marina rusa aumentó su arsenales con una corbeta del nuevo proyecto 20380, y en astilleros del país se construyen otros cuatro buques más del mismo tipo que deberán entrar en servicio operacional los próximos años.

Buques más grandes y potentes son las fragatas del proyecto 22350 y el crucero prototipo, es el portaaviones "Almirante Gorshkov", cuya construcción comenzó en 2006, y se planea entrará en servicio en 2011. En 2009, tuvo lugar el acto de puesta de quilla la segunda fragata de esta clase, con el nombre de "Almirante Kasatonov".

En lo que respecta a los submarinos Diésel para la flota rusa la situación no marcha del todo bien. Las pruebas del submarino prototipo del proyecto 677, iniciadas en 2006, no han finalizado todavía, lo que retarda la fabricación de otros sumergibles de esta clase (actualmente, en astilleros se construyen dos submarinos más) y su incorporación en los arsenales de la armada.

La poca cantidad de buques en construcción adquiere más relevancia si se tiene en cuenta que Rusia tiene cuatro flotas separadas por distancias notables: la del Báltico, del Norte, del Pacífico y del Mar Negro, así como de la Flotilla del Caspio, y cada una de ellas necesitan buques nuevos.

Las Flotas del Norte y del Pacífico desarrollan misiones operativas de cobertura oceánica, incluidas las misiones de los submarinos portadores de misiles balísticos intercontinentales. La dotación de estas dos Flotas con armamento y material moderno es de primordial importancia.

Ante la situación actual, es evidente que la adquisición de buques nuevos para la armada de ninguna forma compensa el vacío que se produce con los buques retirados del servicio activo tras caducar su periodo de vida útil.

En consecuencia, reviste especial importancia la necesidad de modernizar los buques y submarinos existentes para prolongar su periodo de utilización con la incorporación de equipos y armamento moderno.

Situaciones similares existe en otras instituciones de las FFAA de Rusia.

Los informes sobre la incorporación de nuevas unidades de combate para el servicio operacional destinado a esas instituciones a menudo solo disimulan la crítica situación que existe en materia de dotación de la Fuerzas Armadas con nuevos equipos de guerra.

Para superar esta situación es necesario poner en marcha una política unificada, coherente y con recursos suficientes. Antes que todo, en el marco teórico, Rusia debe adoptar una nueva doctrina militar y a partir de sus postulados, dar una respuesta concreta a los sistemas de armamentos y a la cantidad que necesitan sus FFAA.

Esas cantidades no deben ser un secreto sino que deben ser objeto de debate público, como ocurre en los países miembros de la OTAN que regularmente publican los denominados "pronósticos de defensa", donde se analiza las posibles amenazas y se establece la futura configuración de sus fuerzas armadas.

A partir de esas premisas, debe ser aprobado un nuevo programa nacional para la fabricación de armamentos que compagine los suministros de nuevos modelos y la modernización de los equipos existentes en proporciones adecuadas a las necesidades del Ejército.

El programa de fabricación de armamento debe ser sometido a actualizaciones y revisiones sistemáticas con tal de ajustar el desarrollo de las Fuerzas Armadas a las nuevas circunstancias y condiciones.

Los contratos de fabricación deben tener el respaldo material correspondiente, es decir, empresas industriales modernas y la financiación adecuada. En las condiciones actuales, este último requisito es el más difícil de cumplir, pero si no se cumple, será mayor la degradación de las FFAA de Rusia.

Y finalmente, una de las condiciones primordiales para la modernización de las FFAA es la voluntad del gobierno ruso que debe ser directa y firme. Este tipo de posturas tienen un efecto más fuerte que las recientes declaraciones sobre el reforzamiento de la Flota del Báltico para responder contra los Patriot de EEUU en Polonia.


Viejo condor

RIA Novosti (SIC)

lia Kramnik

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI


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