viernes, 19 de noviembre de 2010

La cumbre de Lisboa pondrá a prueba la capacidad de Rusia y la OTAN para cooperar como iguales

OTAN

La cumbre de la OTAN, que comienza hoy en Portugal se considera la más importante en la historia de la OTAN, desde su fundación en 1949.

Mientras que la agenda de las dos anteriores cumbres se centró en una gama de problemas muy serios, es decir, Afganistán, Iraq y el presupuesto, en la antesala de la cumbre en Lisboa del 19 a 20 de noviembre, se observa una enorme excitación tanto en la sede de la OTAN en Bruselas como en los círculos diplomáticos occidentales.

¿Por qué esta cumbre de la Alianza Atlántica se perfila como un evento tan extraordinario?

Los 28 líderes de los países miembros de la OTAN, entre ellos el Premio Nobel de la Paz, el presidente estadounidense Barack Obama, asistirán a la cumbre en Lisboa para aprobar el nuevo concepto estratégico del bloque para los próximos 10 años, y fijar los plazos para retirar sus tropas de Afganistán.

Se trata de un retiro casi urgente ya que EEUU planea empezar la retirada de sus tropas en el verano de 2011, para transferir a la policía y ejército afgano la plena responsabilidad sobre la seguridad del país en 2014 o 2015.

Además en esa cumbre se restablecerán las relaciones entre Rusia y la OTAN, un aspecto importante para le estrategia del bloque en Afganistán y la seguridad global, por lo que a la cita está prevista la asistencia del presidente ruso, Dmitri Medvédev.

Cumbre Rusia-OTAN

Los principales temas de la agenda ruso-atlántica, en esencia, parece un nudo que desde un lado resulta imposible desatar. La OTAN necesita ayuda externa y sólo Rusia puede prestarla. La Alianza es incapaz de resolver muchos problemas sin apoyo de Moscú, que por su parte, le preocupan varias acciones y planes de la OTAN.

El nuevo concepto estratégico del bloque atlántico afecta los intereses regionales, geopolíticos, económicos, demográficos, sociales e incluso climáticos de Rusia.
Esa influencia es evidente porque la mencionada doctrina establece la expansión territorial de la OTAN y una gama de misiones mucho más amplias, desde la lucha contra el narcotráfico hasta la seguridad energética, cambio climático y la seguridad colectiva, o sea, la cooperación con socios apropiados para solucionar conflictos en cualquier región del planeta.

La nueva estrategia de la OTAN se estuvo discutiendo durante casi un año entero y su borrador ya estaba listo a principios del otoño.
En febrero pasado, un “grupo de sabios” de la OTAN encabezado por la ex secretaria de Estado de EEUU, Madeleine Albright, incluso llegó a Moscú para conocer de primera mano las preocupaciones de Rusia y tenerlas en cuenta en el nuevo documento.

Sin embargo, cualquier concepto representa una ideología y puede interpretarse en varios sentidos. Además, el concepto estratégico de la OTAN simplemente estipula muchas funciones que la Alianza ya asumió desde hace varios años.


La OTAN necesita a Rusia en mayor medida que el país eurasiático a la alianza

El tema central de la agenda de Lisboa será la cooperación con Rusia. La razón de ello es bien sencilla. La situación en torno a Afganistán (así como en Iraq) impone la imperiosa necesidad de la ayuda rusa a la Alianza Atlántica.
Pero no cabe la menor duda de que Rusia prestará asistencia siempre y cuando la OTAN respete sus intereses y tenga en cuenta sus preocupaciones.

Incluyendo asuntos tan sensibles como el despliegue de la defensa antimisiles en Europa, la ampliación de la OTAN hacia el Este, el equilibro de las fuerzas militares, la delimitación de las zonas de intereses, la transparencia de las relaciones y, por último, una precisa definición de las futuras funciones del bloque.

Los dirigentes de la OTAN reconocen que, EEUU al centrar sus esfuerzos para combatir el terrorismo en Afganistán, determino que la alianza en las actuales circunstancias necesita a Rusia en mayor medida que Moscú necesita a Bruselas.

El aprovisionamiento de la fuerzas de la coalición ya se ve fuertemente obstruido por constantes actos subversivos y atentados de los integristas en el suelo paquistaní.
De momento, un 75% del combustible, provisiones, municiones y equipos llegan al puerto de Karachi y de allí, en caravanas hacia Afganistán a través del paso Khyber.
El restante 25% de las cargas pasan por Baluchistán, también situado en Pakistán. Ambas rutas se han convertido en blanco para la guerrilla talibán. El número de víctimas entre los militares de la OTAN ya es intolerable, y cada día se necesitan más y más cargamentos.


¿Qué exigirá Moscú a cambio?

Los preparativos para la cumbre Rusia-OTAN, incluidas las numerosas visitas de los titulares de Defensa y las pláticas entre cancilleres, duraron casi un año. Según se pronostica, en la capital portuguesa las partes firmarán varios acuerdos que, entre otras cosas, refrendarán la asistencia de Rusia en el tránsito por su territorio de cargamentos, incluidos los de carácter militar, a Afganistán por aire, ferrocarril y carretera.

También se acordará los mecanismos para el suministro (en forma de venta o alquiler) de helicópteros y armamento rusos; adiestramiento en Rusia de pilotos, militares, fuerzas antiterroristas, de misiones especiales y de lucha antidroga afganas.

Y otro asunto importante, la incorporación de Rusia en el sistema de defensa antimisiles de la OTAN en pie de plena igualdad, tomando en consideración los riesgos comunes e intercambiando abiertamente la información.

Los reunidos en Lisboa han de aprobar el programa de transferencia del control sobre la seguridad en Afganistán al gobierno del presidente Hamid Karzai. De conformidad con el calendario, en el período de 2014 a 2015, la presencia de las tropas de la OTAN en Afganistán deberá ser reducida al mínimo.

EEUU prometió empezar la retirada ya el verano próximo. El Ejército afgano cuenta con 144 mil “efectivos”, otros 10 mil pasan adiestramiento. Pero muchos expertos occidentales reconocen que es en extremo arriesgado y, de hecho, fatal confiar ahora a las fuerzas de seguridad afganas el destino de la nación. Casi todos los “militares” afganos son analfabetos y no pocos drogadictos.

A cambio de la ayuda en Afganistán, Moscú está en su derecho de exigir que la OTAN limite y reduzca sus contingentes en los ex países socialistas de la Europa Central recién admitidos en la Alianza, retire de la agenda el tema de Abjasia y Osetia del Sur (pero es dudoso que lo consiga) y proceda a eliminar enérgicamente las plantaciones de amapola en Afganistán.
En resumidas cuentas, Rusia tiene cosas que demandar a cambio de su ayuda. Lo fundamental es impedir cualquier intento de arrastrar a la campaña a los soldados rusos. Ya hemos peleado en Afganistán.

Cabe reconocer que el adiestramiento, junto con la OTAN, de los soldados del régimen “prooccidental de Karzai”, la apertura del corredor de tránsito para transportar cargas a Afganistán, las operaciones conjuntas con EEUU y la OTAN contra los narcotraficantes convierte a Rusia en cómplice de la OTAN y del “Gran Satanás”, alias EEUU.

Y, correspondientemente, en un potencial blanco para la guerrilla Talibán y Al-Qaeda. Pero simplemente no tenemos otro remedio. Si no prestamos asistencia, la situación en Afganistán se agravará aun más.
Lo fundamental es evitar que en la cumbre de Lisboa se adopten declaraciones altisonantes, pero huecas, que no comprometen a nada.
Según planteó en sus recomendaciones relativas al desarrollo del Concepto estratégico de la OTAN el prestigioso Instituto de Desarrollo Moderno (Rusia), “es importante evitar declaraciones rimbombantes que inevitablemente provoquen nuevas decepciones”.

“La cooperación concreta entre Rusia y la OTAN en Afganistán pondrá a prueba la capacidad de ambas para impulsar sus relaciones”.
Objetivamente, la situación nos favorece. Por cuanto Obama no ha conseguido el reinicio mediante la ratificación del nuevo Tratado START (la mayoría republicana pone trabas en el Congreso), tal vez, pueda lograr esta meta a través de acercamiento entre Rusia y la OTAN. ¿De alguna forma tendrá que justificar su Premio Nobel de Paz?

Viejo Condor
RIA Novosti (SIC)
Andrei Fediashin
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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