sábado, 31 de agosto de 2013

¿Habrá guerras por el agua en Asia Central?

¿Habrá guerras por el agua en Asia Central?
La pregunta que más se repetía en la Conferencia Internacional de Alto Nivel sobre la Cooperación en materia del Agua era: ¿Cuándo estallará la guerra por los recursos hídricos en Asia Central?
Aseguraba el escritor británico Rudyard Kipling que la bebida era más importante que la comida; y parece estar en lo cierto. En septiembre del año pasado el presidente de Uzbekistán, Islam Karímov, avisó al mundo de los posibles conflictos armados en la región debido a problemas con el agua. El tema no ha tardado en convertirse en uno de los más debatidos por los expertos.
Nada tenía de extraño por lo tanto que, en vísperas del evento, todo el mundo se preguntara si acudiría la delegación uzbeka a la capital de Tayikistán, lugar de celebración de la conferencia. La expectación se mantuvo hasta el último instante: los organizadores y los asistentes estaban seguros de que el país vecino estaría representado por algún funcionario de la Embajada de Uzbekistán. Las tensiones existentes en estos momentos entre Uzbekistán y Tayikistán por sus disputas en torno a los recursos hídricos y la energía son de sobra conocidas.
Poco antes de la inauguración del foro se supo que la delegación gubernamental de Uzbekistán estaría encabezada por el viceministro de Agricultura y Recursos Hídricos Shavkat Jamraev. La noticia resultó ser una completa sorpresa para todos. Como también lo fue el hecho de que Rusia estuviera representada por el embajador en Dusambé Yuri Popov que, además, en breve acaba su mandato. Sin embargo, esta circunstancia se debió a las inundaciones que estaban azotando el Lejano Oriente ruso y obligando a los expertos del Ministerio de Recursos Hídricos de Rusia, en un principio enviados a Dusambé, a cambiar de destino.
Nunca ha recibido la capital tayika un foro internacional de semejante nivel: delegados de 70 países, vicesecretarios generales de la ONU, el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la directora general de la UNESCO y otros políticos y funcionarios de alto rango.
Para la comodidad de los invitados incluso fueron organizados vuelos chárter desde Estambul. La organización del evento también tuvo el más alto nivel: a la tradicional hospitalidad tayika se añadió el deseo de quedar a la altura en vista de las próximas elecciones presidenciales.
En la ceremonia de apertura, el presidente de Tayikistán, Emomalí Rajmón, hizo un llamamiento a los países de la región a cooperar de manera intensa en el aprovechamiento de los recursos hídricos y en la construcción de instalaciones hidroeléctricas. Su discurso era una especie de manifiesto político nacido de la necesidad de conseguir una “tregua del agua”.
“Nos damos cuenta, señaló el presidente Rajmón, que sólo la cooperación civilizada y la voluntad política podrán abrirnos camino hacia el progreso y el desarrollo en la mencionada esfera. Tayikistán siempre está abierto a este tipo de cooperación”, apuntó. El líder tayiko anunció la intención de crear en Dusambé el Centro Internacional de la Diplomacia del Agua. Podría parecer que Tayikistán quiere seguir el ejemplo de Ashjabad, capital de Turkmenistán, donde lleva muchos años abierto un centro regional de la ONU para diplomacia preventiva.
Pero existe un detalle muy importante: Turkmenistán se ha declarado país neutral, de modo que está en su derecho de hacer de mediador en conflictos. Mientras que Tayikistán, junto con Kirguizistán, es una de las partes enfrentadas en el conflicto por el agua en la región. Por lo tanto, será difícil saber si la iniciativa tayika tendrá algún resultado.
Dusambé y el presidente Rajmón se comportaron en la conferencia con mucho tacto, sin permitirse reproches hacia los vecinos uzbekos por sus intentos de bloquear la realización de determinados proyectos en la esfera de la construcción de centrales hidroeléctricas.
“Todo el mundo necesita el agua. Nuestra demanda es que se haga un uso racional del agua que sale de Tayikistán. Y con esto no estamos haciendo una crítica a nadie: esta demanda va dirigida también a nosotros mismos”, declaró en Dusambé el representante permanente de Tayikistán ante la ONU, Sirodzhiddin Aslov.
Era evidente que las palabras del diplomático tayiko estaban dirigidas a Uzbekistán, donde se cultivan enormes extensiones de algodón en terrenos irrigados sin demasiada eficiencia hídrica. Se trata de un problema generalizado en toda la región. Los cultivos de algodón en Turkmenistán son igualmente ineficientes, según comenta el profesor Jodzhamajmad Umárov, un famoso economista tayiko que no oculta su envidia por los cultivos de riego por goteo que hay en Israel, tecnología que permite un ahorro de agua del 90%.
Este académico, sin embargo, tampoco ahorra críticas contra las autoridades de su país, que han sido incapaces de hacerse con los servicios de buenos especialistas para participar en las negociaciones con los países vecinos.
Merece la pena señalar que en Tayikistán, al revés de lo que ocurre en los otros países de la región, uno puede encontrar puntos de vista distintos de los oficiales expresados públicamente, incluso si los autores de estas críticas no gozan del favor de las autoridades, como es el caso del profesor Umárov.
Los representantes de Uzbekistán, por su parte, preferían señalar la otra cara del problema: es decir, que los países que están en el curso alto de los ríos utilizan el agua embalsada en las presas para la producción de energía eléctrica, ignorando las demandas de irrigación de los países que se hallan en el curso bajo.
Era una cosa que no ocurría hace veinte años. Así lo afirmaba en Dusambé Shujrat Mujametzhánov, uno de los miembros de la delegación uzbeka. En 1993 se tenían en cuenta los dos intereses: los de la producción de energía eléctrica y los de los cultivos de regadío. Era algo que no tenía nada de sorprendente porque, en aquella época, seguía habiendo mucha inercia de la época soviética en la que los coeficientes de reparto del agua en Asia Central se decidían de modo centralizado desde Moscú. Es una situación que reconocen en Tashkent, en Bishkek y en Dusambé…
Hoy en día, sin embargo, aspirar a que Moscú volviese a poner de acuerdo a sus antiguos satélites en la cuestión del agua en la región es una tarea similar a las   ecuaciones de los matemáticos: aquellas en las que la cantidad de incógnitas es mayor que la cantidad de igualdades entre las expresiones matemáticas.
Oligarca ruso no consiguió su central eléctrica en Tayikistán
Son de sobra conocidos los muchos intentos que ha hecho Dusambé para acelerar la construcción de la central hidroeléctrica de Rogún. Dentro de poco se cumplirán los 10 años de esta historia.
En aquel entonces, en los primeros años 2000, Moscú prometió que la central de Rogún la construiría Oleg Deripaska, dueño de la empresa Rusal. Sin embargo, cuando Dusambé impidió que Deripaska se hiciera con el control de la Fábrica Tayika de Aluminio (Talko), el empresario ruso retiró sus posiciones de la república centroasiática. Con la adquisición de Talko, el mayor consumidor de energía eléctrica de toda Asia Central, sí habría tenido sentido para Rusal la construcción de la central hidroeléctrica de Rogún.
Un argumento adicional para la salida de Deripaska de Tayikistán fue su negativa a cumplir con el deseo de las autoridades locales de batir el récord de altura de una presa en la región, llegando hasta los 335 metros. La propuesta de Rusal de limitar la altura de la presa a los 280 metros y no hacerla de hormigón armado sino con materiales sueltos, nunca fue aceptada por Dusambé.
En principio, las demandas de las autoridades locales parecían razonables, ya que cuanto más alta es la presa más barata es la producción de cada unidad de energía. No parece haber habido nada personal en la decisión de Deripaska, simplemente sin el control de Talko, la central de Rogún dejaba de tener interés.
Cuando, pasados unos años Afganistán y Pakistán prometieron pagar un precio suficientemente alto por la energía eléctrica producida en Tayikistán (entre 4 y 8 céntimos por kWh), el tema de la construcción de la central de Rogún se convirtió en una especie de asunto nacional para el país.
Ante la ausencia de un inversor extranjero que pudiese finalizar la construcción de Rogún, la presa fue declarada “obra nacional”. Familias enteras fueron obligadas a comprar unas acciones especialmente emitidas con ese fin. Así se logró reunir 280 millones de dólares.
Hoy en día la construcción está detenida, de modo que el dinero recaudado está depositado en una serie de bancos. La razón de la paralización de las obras está en la oposición de Uzbekistán al proyecto, que lo considera una amenaza a su seguridad nacional.
Desde Tashkent, el embalse de las aguas en la presa de Rogún, que podría durar unos 14 años, con consiguiente regulación del cauce del río, se ve como una amenaza para los cultivos de regadío de algodón. Además, supondría dar a Dusambé la posibilidad de ejercer presión política sobre Uzbekistán.
RusHidro paraliza la construcción de una central hidroeléctrica en Kirguizistán
Una reacción muy parecida provocan en Tashkent los planes de construcción de las centrales hidroeléctricas de Kambarata-1 y de la cascada de centrales hidroeléctricas de Narýn Alto en Kirguizistán. Uzbekistán teme que haya menos agua para aprovechar para el regadío.
Moscú se ha visto envuelta en los debates entre Tashkent por una parte y Dusambé con Bishkek por otra, sobre todo después de que las autoridades rusas prometieron a Kirguizistán participar en la construcción de Kambarata y de cuatro centrales de la cascada de Narýb Alto.
Sin embargo, entre una promesa y su cumplimiento a menudo media un abismo: bajo el pretexto de perfeccionamiento de los planos técnicos recientemente se ha suspendido la obra en la cascada de Narýn Alto. Kirguizistán insiste en que la interrupción de la obra se debe a las discrepancias entre el presupuesto anunciado por la empresa rusa RusHidro y los costes finales del proyecto. Finalmente el coste total equivalió a unos 1.100 millones de dólares. Eso significa que Bishkek tardará años en devolver a RusHidro las inversiones y convertirse en propietario de las centrales eléctricas.
El futuro de la central hidroeléctrica de Rogún también es muy incierto. Por segundo año consecutivo no se hacen públicos los resultados de la revisión internacional de la obra. El proyecto se financió con fondos del Banco Mundial y su realización se concedió a una empresa suiza y otra francesa. Dado que el concurso público para el peritaje fue convocado por Tayikistán, Tashkent muestra desconfianza por estos resultados todavía no anunciados e indica que sus requisitos técnicos no se han tenido en cuenta.
Moscú tiene otra propuesta de Dusambé
En estas condiciones Tayikistán, consciente de que más vale pájaro en mano, ha optado por concentrarse en la solución de problemas más concretos y en reducir su propia dependencia de la generación de energía eléctrica. Para ello necesitarían contar con la ayuda de Rusia.
Y recientemente a las autoridades rusas se les propuso construir cuatro centrales pequeñas y medianas en dos ríos tayikos.
Con toda seguridad Moscú esperará cobrar la deuda de unos 70 millones de dólares por la energía eléctrica suministrada al país centroasiático. En caso de no hacerlo, Dusambé -que tiene problemas con el control del consumo de la energía- Rusia podría plantear la posibilidad de adquisición de determinados activos industriales de Tayikistán.
Y en cuanto a la guerra en Asia Central, su amenaza podría ser muy convincente a la hora de negociar sobre el problema. De modo que la Conferencia de Dusambé parece haberse celebrado en el momento perfecto.

Viejo Condor
RIA Novosti (SIC)
Arkadi Dubnov
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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