jueves, 14 de abril de 2011

Las fantasías sobre la influencia de BRICS se hacen realidad


Fiodor Lukiánov

El 14 de abril en la ciudad de Sanya, en la isla china de Hainan, tuvo lugar la tercera cumbre de los grandes países emergentes, denominados hasta hace poco BRIC (Brasil, Rusia, India, China).

A diferencia de las reuniones anteriores, en Rusia y Brasil, ésta se llamará BRICS, por contar con un miembro más, Sudáfrica. Sin embargo, esta innovación no cambia la actitud hacia el grupo en el mundo que no deja de preguntarse qué pueden tener en común los países tan distanciados geográficamente y tan diferentes cultural y políticamente.

El grupo BRICS no tiene análogos en la historia de la política mundial rica en ejemplos de nacimiento y desarrollo de diferentes institutos internacionales.

El equipo de economistas de Goldman Sachs, encabezado por Jim O'Neill, inventó en 2003 la sigla BRIC para atraer la atención a los mercados emergentes, augurando que ese grupo iría representando una proporción cada vez mayor del crecimiento mundial.

En realidad, la sigla empezó a vivir su propia vida creciendo y desarrollándose, es decir cumplió con las expectativas de su inventor.

A raíz de la crisis financiera que mostró la diferencia existente en el desarrollo económico entre los miembros de los BRIC, los escépticos no dudaron que este grupo no formal estaba a punto de colapsar.

Además, en el Occidente se preguntaron por qué Rusia, un país que vive de sus materias primas y con perspectivas muy vagas, figuraba entre los “líderes del futuro”.

Es verdad que Rusia es diferente. Pero no sólo por tener tasas de crecimiento muy inferiores a las de China y de India. En el curso de los últimos 20 años, Brasil, India, China y Sudáfrica iban subiendo poco a poco, cada uno experimentando sus propios fracasos y éxitos.

Rusia, entre tanto, hace 20 años se enfrentó con un decaimiento sin precedentes, luego empezó a restablecerse pero por ahora no es firme en su crecimiento. Al mismo tiempo, incluso tras el colapso de la URSS, Rusia jamás ha bajado hasta el nivel del “tercer mundo”.

Más bien, los problemas que tenía eran muy diferentes de los que van combatiendo los demás miembros de los BRICS, aunque ahora superen a Rusia por las tasas de su crecimiento económico.

Los que pongan en tela de juicio el lugar de Rusia entre los líderes del futuro verán el grupo como lo vieron al principio del milenio los banqueros estadounidenses, desde el punto de vista de las perspectivas económicas.

Pero hoy BRICS está centrado más en los aspectos políticos, lo que refleja la necesidad objetiva de un mundo más diversificado y menos orientado hacia occidente.

Precisamente en ello hizo hincapié uno de estos días el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, diciendo que, en primer lugar, el BRICS es una unión geopolítica.

Llama atención el hecho de que todos los viejos miembros de los BRICS coincidieron en su postura hacia la resolución sobre Libia absteniéndose a la hora de votar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Sólo Sudáfrica apoyó la coalición occidental.

Existen causas objetivas del creciente interés hacia el BRICS.

La primera es la existente sensación de que el sistema de institutos mundiales no corresponde a los procesos reales de siglo XXI, y las reformas que se proponen no van más allá de las palabras.

Es cierto que estos cinco países son muy diferentes y a menudo sus posturas no coinciden. Pero son unánimes en lo principal: cada uno de los cinco está descontento con su posición presente, por sus propias razones.

El mundo multipolar exige formatos diferentes de los que existieron en el mundo bipolar de la época de la Guerra Fría. Pero en esencia, éstos no han cambiado.

Por eso en las declaraciones del BRICS se puede encontrar dudas acerca de la legitimidad del sistema existente. Sin embargo, sería utópico esperar, por ejemplo, que cambie la composición del Consejo de Seguridad de la ONU que refleja la situación del año 1945: los miembros permanentes (dos de ellos, Rusia y China, del grupo BRIC) no querrán compartir sus privilegios con nadie.

La segunda causa es que ya es hora de buscar enfoques realmente nuevos para la resolución de problemas globales. Cada uno de los cinco países miembros cree que ahora el mundo en este sentido está representado por el Occidente sólo, lo que no corresponde a la distribución de fuerzas económica e incluso política de hoy e impide la búsqueda de resoluciones nuevas que puedan ser encontradas sólo de aumentar el número de los participantes de la discusión.

En fin, todos los miembros de BRICS entienden que actuando en el marco de las estructuras existentes no lograrán aumentar su propio peso e influencia en el escenario mundial.

Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica están buscando maneras de afianzar sus posiciones a la hora de formarse un mundo nuevo con nueva distribución de fuerzas, poderes y privilegios.

El hecho de que juntos representen todas las partes importantes del mundo, será un considerable argumento a favor de ellos.

BRICS son no sólo estados emergentes que se desarrollan a ritmos acelerados, son “polos” principales del mundo multipolar. Por eso sería erróneo considerar el grupo juzgando sólo por los índices económicos.

Para Rusia, que desde 1991 no ha logrado adquirir una identidad en la política exterior, la idea de la formación de BRICS fue muy oportuna.

Representó el formato más apropiado para corregir la dirección de la política exterior, para recordar al mundo que el país tiene peso a nivel global, aunque reducido después de la desintegración de la URSS, y para mostrar que está junto con los países líderes en las tasas y la calidad del crecimiento económico.

Y todo ello, sin entrar en conflicto ninguno, porque los miembros del grupo descartan que su organización sea formada como contrapeso a cualquier otra fuerza. A pesar de ello, en EEUU creen que el BRICS es una estructura destinada a debilitar el papel de Washington.

Los países del BRICS nunca lo han puesto sobre la mesa de discusiones. Tanto más que tienen relaciones de interdependencia estrecha con Estados Unidos: la económica (para China, India, Brasil) o la política (para Rusia).

Sin embargo, digan lo que digan los representantes del grupo, es cierto que es un sistema internacional cerrado cuya influencia puede crecer sólo a costa de cierta reducción de la influencia del Occidente.


Viejo Condor

RIA Novosti (SIC)

Fiodor Lukiánov

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