Una vez que Putin y los nacionalistas rusos expulsaron del
gobierno a los oligarcas, el lobby sionista europeo-estadounidense (que
fracasó en su proyecto de controlar el mercado y el sistema económico
productivo ruso con un modelo capitalista trasnacional con terminal en
Washington y Wall Street), operó en tres frentes para derrocarlo.
1) las "revoluciones naranja" que buscaban controlar los
gobiernos, el mercado y el sistema económico-productivo de las ex repúblicas
soviéticas integrándolas al modelo capitalista trasnacional con terminal en
Washington y Wall Street.
2) La mafia (armas y drogas) y el "terrorismo checheno"
controlados por la CIA que buscaban desestabilizar el espacio postsoviético
creando las condiciones para el ingreso de gobiernos títeres de Washington y el
lobby sionista.
3) La inclusión en la OTAN (y en la Unión Europea) de las
ex repúblicas soviéticas del Pacto de Varsovia para trazar un cerco militar
alrededor de Rusia.
La estrategia "otansista" del lobby EEUU- Unión Europea intentaba
aislar a Rusia por medio del establecimiento de un cordón de repúblicas ex
soviéticas con gobiernos pronorteamericanos y sumisos a Europa alrededor del
cuello económico de ésta (petróleo y gas).
Las
redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y
los servicios secretos rusos, así como
las disputas estratégicas entre Rusia y el eje EEUU-Unión Europea
por áreas de influencia, son factores esenciales que cuentan en las "revueltas populares" que hasta ahora -salvo
Uzbekistán y Bielorrusia- han terminado con gobiernos pro-Washington en la
región.
Las protestas y los movimientos de caos planificado y de
desestabilización callejeros (Georgia, Ucrania y Kirguistán) fueron
organizados por las ONG financiadas y dirigidas por Washington utilizando las
redes económicas de la CIA canalizadas a través de la USAID, según
informes de la inteligencia rusa expuestos en el Parlamento
moscovita.
Todas las
"revoluciones de terciopelo" en aquella región sirvieron a los intereses
financieros globales de Washington –representados por la Open Society de
George Soros y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) cuyos
fondos provienen de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID)-
para fracturar y desmembrar las fronteras nacionales de sus más importantes
rivales geoestratégicos: China, Rusia e India.
En opinión de expertos rusos las llamadas "revoluciones de
terciopelo" de Georgia, Kirguistán y Ucrania no fueron tales sino
movimientos golpistas "democráticos" orientados a sustituir gobiernos
fieles a Moscú por otros que respondieran a los intereses de Washington.
Con políticos que responden
incondicionalmente a las directrices de la Casa Blanca, como es el caso de
Viktor Yushchenco en Ucrania, cuya campaña fue organizada y financiada
por el Departamento de Estado, a través de su esposa, quien fuera secretaria de
George Bush padre.
Parte de las ex repúblicas comunistas de Europa del Este que
conformaron la Unión Soviética -y el Pacto de
Varsovia-, ahora son miembros de la OTAN., la fuerza militar liderada por
Estados Unidos que nació para combatir la expansión militar del ex Imperio
Soviético del que formaban parte estos flamantes miembros de la alianza
atlántica.
Desde
el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por Estados
Unidos primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y ahora se
extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas de
Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta
Finlandia.
Con la ampliación de la
OTAN con "socios confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa
del Este, Estados Unidos consiguió la consolidación de su poder geopolítico
y militar estratégico en la región, en desmedro de Rusia, y China
que ven afectadas y desestabilizadas
sus fronteras y áreas de influencia.
El
caos y la desestabilización planificada con las "revoluciones de terciopelo" en
el Asia Central forman parte del mismo proyecto estratégico, cuyo objetivo
central apunta a desestabilizar las fronteras y áreas de influencia de Rusia con
el propósito del control militar y geopolítico sobre las ex repúblicas
soviéticas.
En este marco, y luego de asumir la presidencia en el 2000, Vladimir
Putin, el hombre de la mirada de hielo, formado en el mundo del espionaje (KGB),
con el petróleo como instrumento geopolítico-económico estratégico, ponía en
marcha su proyecto de relanzar a Rusia como la gran potencia del siglo
XXI
El contraataque petrolero de
Putin
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El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad estrecha la mano
de su par ruso Vladimir
Putin
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A
principios del 2000, ya convertido en presidente de Rusia, Putin, formado en el
mundo del espionaje (KGB) y con un curriculun que incluye una tesis doctoral
sobre la utilización del petróleo como instrumento geopolítico-económico
estratégico, comenzó su proyecto de reposicionar a Rusia como gran potencia
mundial, utilizando como herramienta sus colosales reservas de petróleo y gas y
su condición de país pivote entre Asia oriental y
Europa.
Favorecido por los altos precios del petróleo, con $200.000 millones
en reservas de oro y divisas duras, y con su renovado sistema de armamento
nuclear y convencional, el gobierno de Putin comienza a desafiar a la hegemonía
imperial estadounidense en relación a los países situados por Washington en el
"eje del mal", como Irán, Siria, Venezuela, Libano, Corea del Norte y
las organizaciones y países anti-sionistas de Medio Oriente y el mundo
islámico.
Dispuesto a imponer su condición de gran potencia energética del
siglo XXI, el gobierno de Putin ha venido estableciendo acuerdos con otros
países para el desarrollo de una red de oleoductos y gasoductos que convertirán
a Rusia en el gran árbitro del suministro de petróleo y gas para Europa y
los grandes centros económicos y demográficos del Asia oriental (China, India,
Japón, Corea del Sur).
Putin (quien compite por áreas de influencia con el llamado "Imperio
unipolar") ya se posicionó en el mercado de la "carrera armamentista"
convirtiéndose en principal proveedor de armamento y tecnología de guerra
a los países situados en el "eje del mal".
Guerra y negocios: el viejo axioma que hizo grande a
los Estados Unidos de Bush y al lobby sionista capitalista europeo, también vale
para la Rusia capitalista emergente del gobierno nacionalista de Vladimir Putin
que reestatizó las empresas públicas de la ex URSS, particularmente las de
energía y de armas.
Con
Rusia severamente disminuida en sus capacidades militares y económicas, y
perdidas buena parte de las áreas de influencia que en su momento detentó la
URSS, Putin y su gobierno nacionalista apostaron a la estrategia del
desarrollo energético con el petróleo y el gas como herramientas tácticas
fundamentales.
Siguiendo esa línea estratégica la administración de Putin ha
recuperado sistemáticamente el control de las empresas que explotan los recursos
petroleros y gasíferos en su territorio, y actualmente cerca del 80% de las
reservas mundiales de hidrocarburos le pertenecen a compañías de propiedad
estatal.
Rusia posee las mayores reservas de gas natural en el mundo a la vez
que posee las séptimas reservas petroleras en magnitud y es el actual segundo
productor mundial de petróleo.
Sus reservas gasíferas y petroleras de los
Urales y Siberia, al igual que las de Venezuela, son las únicas grandes reservas
mundiales de hidrocarburos fuera del inestable triángulo Mar Negro-Mar
Caspio-Golfo.
Gazprom -el monopolio estatal ruso, primer exportador de gas natural
del planeta- tiene como objetivo controlar el tránsito de gas hacia Europa, Asia
y Medio Oriente.
La
administración de Putin concretó una serie de acuerdos que le aseguran que la
producción de petróleo y gas de las repúblicas centroasiáticas (Kazajastán,
Uzbekistán, Turkmenistán) seguirán utilizando los oleoductos rusos para exportar
su petróleo y gas hacia
Europa y en el caso de Kazajastán, el transporte de petróleo ruso
hacia China a través del oleoducto Atasu-Alashankov, recientemente
inaugurado.
Los
acuerdos comerciales con Teherán, el apoyo técnico al desarrollo de la industria
nuclear iraní, y su condición de principal proveedor de armas a las fuerzas
armadas del país islámico, convierten a la Rusia de Putin en un instrumento
clave de resolución del conflicto nuclear planteado entre Irán y el lobby
sionista EEUU-Unión Europea
Irán, que tiene a Rusia como principal referente de poder frente al
sionismo USA-Europa, es una pieza clave para el dominio y control de la
estratégica y vital región del Golfo Pérsico.
La
gran nación persa posee fronteras con dos de los vértices del triángulo
petrolero (Mar Caspio, Golfo Pérsico, estrecho de Ormuz) y resulta ideal para
el tendido de uno o más oleoductos que lleven el petróleo y gas ruso, y de otras
ex Repúblicas Soviéticas del Asia Central (Tayikistán, Uzbekistán, Kazajstán y
Turkmenistán), hasta puertos del Golfo Pérsico y desde allí hasta los mercados
petroleros del Asia oriental.De ahí también, que para Putin la relación con Irán
adquiere importancia geopolítica y militar clave en su tablero de
construcción de poder con el petróleo como herramienta fundamental.
Por
último, y no por ello menos importante, son las asociaciones estratégicas
establecidas por los gobiernos ruso y venezolano para la exploración y
explotación de bloques en la faja petrolífera del Orinoco y con Pdvsa gas para
la posible participación de Gazprom en la construcción del Gasoducto del Sur que
interconectará América del Sur a partir de Venezuela.
Pero, sin dudas, la asociación estratégica Rusia-Irán y el "efecto
musulmán" son las dos cartas estratégicas fundamentales que los halcones
norteamericanos e israelíes deberán evaluar antes de lanzar los misiles contra
las instalaciones nucleares de Teherán.
Petróleo y "efecto musulmán":
una combinación letal que podría convertir a un ataque militar a Irán en una
tercera guerra mundial íntercapitalista con EEUU y Rusia como actores
principales.
Zbignieb Brzezynski, ideólogo del lobby sionista USA señala en su
libro El Gran Tablero de Ajedrez: Primacía Americana e Imperativos
Geoestratégicos, que uno de los imperativos de dicha geoestrategia consiste
en impedir que "los bárbaros se unan".
La
estrategia de Putin se sitúa en las antípodas del ideólogo sionista: Rusia, con
el petróleo como arma estratégica de poder, junta a los bárbaros del "eje del
mal" contra el Imperio hegemónico USA-Unión
Europea.